Air France 562, destino Beirut

El miércoles pasado, día quince de agosto, el vuelo programado para el trayecto París-Beirut, operado por un Airbus A330 con 174 pasajeros a bordo, fue desviado a Damasco.

Hasta ahí, nada fuera de lo común, si no fuese porque este incidente ha aparecido en multitud de medios, después de que el comandante pidiese dinero a los pasajeros para pagar el combustible.

Se trata de un caso bastante interesante, y con un denso trasfondo político. Todo empieza con un desvío por motivos de seguridad, al ocurrir disturbios en la capital del Líbano que afectaron al acceso al aeropuerto, y por tanto, a la seguridad de la tripulación y de los pasajeros.

Dada de la imposibilidad de tomar en el aeropuerto libanés, el ‘centro de operaciones’ de Air France recomienda un desvío al aeropuerto de Amán, capital de Jordania.

Sin embargo, no todo es tan fácil: la situación política hace que parte del espacio aéreo esté cerrado por motivos militares y diplomáticos, y que otros países rechacen el tránsito por aire de un avión con destino original en un país considerado enemigo.

Al no existir espacio aéreo posible que permita el tránsito sobre Israel con destino Jordania, entrando desde el espacio aéreo libanés, la única posibilidad reside en atravesar el espacio aéreo sirio.

Pero Siria, en la práctica una dictadura que vive una guerra civil, principalmente en el norte del país, está enfrentada con la UE a nivel diplomático. Esto implica, entre otras cosas, que se anula el tránsito aéreo y que por lo tanto cualquier relación entre la compañía y los aeropuertos del país queda suspendida.

Sin otra salida debido a la situación política de la zona y al nivel bajo de combustible, el vuelo obtiene una autorización para tomar en Damasco, al no poder alcanzar otro aeropuerto alternativo de forma viable, al menos dentro de la legalidad aérea de combustible mínimo y rutas aéreas permitidas.

Pero hay un problema: el cese de relaciones entre el conjunto de la UE y Siria, y más concretamente, entre Air France y las autoridades sirias; así como el embargo sobre transacciones económicas con el país, hace que no sea posible pagar el repostaje en Damasco de otra forma que no sea en efectivo.

Esto significa que la carga de combustible debe ser rápida y con el mínimo necesario. Y hacen falta 15.000 kg de combustible para volar hasta Lárnaca (Chipre), isla que forma parte de la UE, a unas 160 millas náuticas de Damasco (y apenas 120 millas náuticas de Beirut).

Durante las dos horas en tierra en Damasco, capital de un “país en guerra”, ningún pasajero puede abandonar el avión, y las ventanas del avión permanecen tapadas. Es responsabilidad de la tripulación de cabina mantener la calma de los pasajeros, y de los pilotos la de resolver la situación lo mejor posible. Por suerte, la tripulación de cabina ya había vivido el parón aéreo de 2010, quedando atrapados en américa del sur, y los pilotos eran de origen militar, así que las habían visto peores.

En este caso el comandante no tuvo que recurrir a los ahorros de los pasajeros a bordo del avión (queda sin aclarar qué se hizo finalmente, aunque se ha informado de la intervención del ministerio de asuntos exteriores francés) para pagar los 17.000 USD que costó cargar el combustible necesario para volar hasta Chipre. Sorprendentemente, estando Air France sometida a la normativa aérea internacional, pero también a la del país que emite su AOC, la ley francesa protege este último recurso por parte del comandante, que puede recurrir a sus pasajeros tomando en préstamo el dinero y la ayuda que fuese necesaria.

Queda aún por resolver la incógnita de por qué no se decidió un desvío a Lárnaca en un primer lugar, en vez de realizar esperas durante más de una hora sobre Beirut, gastando así las reservas de combustible que permitían un desvío a un aeropuerto más lejano. La situación ha levantado ampollas en el gobierno francés dado que personas hostiles al régimen sirio (como el embajador francés destinado en el Líbano) así como otras personalidades eran pasajeros en este vuelo.