MI AVIÓN SE VA A QUEDAR SIN COMBUSTIBLE SOBRE EL OCÉANO ATLÁNTICO
Que un avión se va a quedar sin combustible en medio del vuelo es exactamente lo que pensaría alguien que no sabe cómo funciona la aviación por dentro. Seguramente sea algo que hasta yo mismo habré pensado cuando tenía miedo de volar y no entendía nada sobre aviación ni aeronáutica. Si tú también te has preguntado alguna vez qué pasa si los depósitos se vacían mientras estás volando en medio de la nada, abróchate el cinturón porque la respuesta te va a sorprender: no pasa absolutamente nada.
La cruda realidad es que un avión comercial jamás se queda sin combustible por un simple despiste. Cuando el equipo de pilotos, planificadores y coordinadores se sienta a diseñar la ruta, no se estima una cifra al azar ni se cruza los dedos esperando llegar a destino. Cada gota de queroseno que se mete en las alas está rigurosamente calculada y, por si fuera poco, las leyes establecen un mínimo que debe respetarse sí o sí.
Evidentemente, se lleva el combustible exacto para ir del punto A al punto B, conocido como Trip Fuel. Pero la verdadera magia de este proceso, la que nos permite viajar tranquilos sabiendo que el combustible no se va a acabar, empieza justo después de ese cálculo inicial.
A ese primer bloque le sumamos un porcentaje extra de contingencia que se usará siempre que debamos hacer frente a situaciones diferentes o inesperadas. ¿Cuáles pueden ser esas razones? Pues de lo más variado: si hay más viento en cara del previsto y nos hace ir más lentos, si hay tormentas que debemos esquivar o si, por congestión del espacio aéreo u otras circunstancias, tenemos que volar por debajo de la altitud óptima prevista.
Por si fuera poco, después se calcula y añade el combustible necesario para abortar el aterrizaje, frustrar, y marcharnos volando hasta un aeropuerto alternativo por si nuestro destino original se cierra por una tormenta imprevista. Y, por si el universo entero se alinea en nuestra contra y ese aeropuerto alternativo también se complica, la normativa nos obliga a mantener una reserva final sagrada e intocable, el Final Reserve Fuel, que nos garantiza otros treinta minutos extra volando en círculos. A todo esto hay que añadir, además, todo aquel combustible que la compañía o el comandante decida añadir como Extra Fuel, siempre que el peso o el rendimiento del avión lo permita.
Así que la próxima vez que te subas a un avión, hazlo con la tranquilidad de saber que absolutamente todo está planificado y que tienes combustible de sobra para llegar a destino y mucho más.
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